Distrito 4890

Buscador del sitio

 

 


InfoLogic

La Familia Rotaria


Autor: David Schabelman

(RC de San Juan, Distrito 4860, Argentina)

 

La Familia Rotaria

David Schabelman y su esposa Norma son socios del RC de San Juan, Distrito 4860, Argentina. Ambos son arquitectos. David es socio rotario desde 1977 y fue gobernador de su Distrito en el período 2002/03 (Sembremos la semilla del amor). Fue elegido para representar a su Distrito en el próximo Consejo de Legislación.

En el último Instituto de Zona 19 en Rosario (Argentina) fue invitado a disertar en el grupo que trató el tema “Familia Rotaria y Juventud”. En base a su amplia experiencia docente desarrollada en la Universidad Nacional de San Juan, David abordó el tema de la siguiente manera (recordemos que Rotary dedica el mes de diciembre a la Familia):

La familia tiene una importancia trascendente para el presente y el futuro de Rotary, y el Presidente Bill Boyd ratifica este concepto diciendo: “Los rotarios más nuevos de hoy son profesionales jóvenes, muchos de ellos madres y padres que procuran lograr un equilibrio entre el trabajo y la familia”. Y agrega que para lograr ese equilibrio “resulta indudable que la familia de cada rotario debe formar parte de Rotary”.

De este modo propone la integración de las familias de los rotarios a la organización, continuando con una línea de acción instalada por el ex Presidente Majiyagbe en el año 2004.

Esa estrategia tiene varios objetivos: por una parte, si se pone en práctica, debería producirse un considerable aumento en el número de socios en las distintas ramas rotarias. Pero no se trata de dejar de buscar socios afuera -esto vale la pena de ser destacado- sino de mirar dentro de nuestras propias familias con el objetivo de sembrar el semillero de nuevos socios.

Al mismo tiempo, tan importante como el posible aumento de la membresía mediante la incorporación de familiares de rotarios, es el mayor conocimiento y comprensión que ellos van a tener hacia Rotary. Más todavía: si los integrantes de la familia de un rotario comparten y participan en actividades relacionadas con el ideal de servicio, aún cuando no se incorporen a la organización, es muy probable que el resultado sea un doble fortalecimiento: el de Rotary y el de los vínculos familiares.

Cuando me llegó la invitación para disertar en el Instituto me pareció que valía la pena hacer un enfoque amplio que contuviera a la familia rotaria y a la juventud, pero que además fuese más allá de ellas. Y como he invertido buena parte de mi vida en la docencia, decidí hablar acerca de “Familia rotaria y educación en el siglo XXI”.

Veamos un análisis de cada parte del tema. Con respecto a la familia, Rotary considera actualmente la presencia de dos tipos: la familia directa, integrada por los rotarios, viudas y viudos, cónyuges, hijos, nietos y otros parientes, y la ampliada, que es inmensa, porque incluye a los rotarios de todo el mundo y también a participantes en programas tales como los de LFR, Grupos de Estudio, Intercambio de Jóvenes, Seminarios para Líderes Jóvenes (RYLA), Rotaract, Interact y Organizaciones de Cónyuges.

Con relación a la época, el siglo XXI nos muestra grandes contrastes sociales. ¿Por qué?

Porque si bien es cierto que los avances tecnológicos han sido muy positivos y dieron lugar a una alta calidad de vida, las sociedades sufrieron procesos de crisis cuyos orígenes podrían ubicarse, paradójicamente, en los mismos adelantos tecnológicos y científicos que impulsaron ese progreso.

Esto sucede porque, tan importante como la innovación tecnológica, es el uso que la sociedad hace de ella, y justamente, la falta de una orientación clara para la utilización de los nuevos recursos originó un alto costo social, produciéndose diversas manifestaciones de la crisis que mencioné antes: en las relaciones humanas, en el ambiente, con el consumo, con los valores humanos.

La crisis en las relaciones humanas tiene su máxima expresión en los conflictos bélicos.

Hemos vivido dos Guerras Mundiales, y probablemente estemos sufriendo una Tercera Guerra Mundial con características totalmente diferentes a las anteriores. En menor escala, las agresiones que hemos visto últimamente en las escuelas entre alumnos y hacia los maestros, o los crímenes cometidos por jóvenes contra sus propios padres son ejemplos sumamente preocupantes.

La crisis en el ambiente muestra diferentes formas de contaminación: en el agua, el aire, y hasta en el ámbito visual y acústico. Doy un ejemplo de la contaminación atmosférica: los vehículos automotores son muy útiles, pero cuando despiden humo negro por sus caños de escape nos obligan a respirar aire envenenado.

Surgió también la crisis del consumismo, que es la adquisición descontrolada de cosas debido a la presión permanente que sufrimos a través de la publicidad, y que nos lleva a tratar de tener el último modelo de televisor o de auto, haciendo pasar a un segundo plano valores humanos fundamentales.

Y, finalmente, como consecuencia de todo lo anterior, crisis de esos valores humanos, lo cual da lugar a que cada persona se enfrente a severos conflictos consigo misma, con su familia y con la sociedad.

Ante estas circunstancias, si queremos un mundo mejor, es imperativo actuar enérgicamente a fin de generar una nueva y positiva escala de valores sociales que nos permita vivir y enseñar a vivir de modo pleno y trascendente. Se trata de lograr una “Formación integral” mediante ese recurso pacífico y eficaz por excelencia, que es la Educación.

En la formación integral de las personas participan dos componentes: Los protagonistas capaces de poner en práctica esta educación y los aprendizajes que estimulan el desarrollo del individuo en diferentes campos de la personalidad.

Los protagonistas son los educadores y los educandos, y ambos participan en sistemas que pueden ser formales, tales como el de la escuela pública, o informales, como es el caso de Rotary, en el que no hay profesores titulados para asignaturas específicas ni alumnos que cumplan horario.

En esta educación no formal los actores principales son los rotarios, los clubes rotarios y las familias directas e indirectas, que no desarrollan sus actividades en aulas, sino en los hogares, en los clubes y en los lugares de sus actividades cotidianas.

Por eso recordamos la frase de Luis Vicente Giay: “En Rotary, cada Club una escuela, cada rotario un maestro”. Agreguemos a ello algo tan conocido como cierto: “Cada hogar, una escuela, cada uno de los padres, un maestro, una maestra”.

Hasta aquí los protagonistas y los sistemas en que actúan. Con respecto a los aprendizajes a través de los cuales podemos lograr una formación integral, nos sirven de guía cuatro aprendizajes interdependientes, vinculados a otros tantos campos formativos, que son: SER,

APRENDER, HACER, EMPRENDER.

El aprender a SER se refiere al logro de personalidades positivas, en las que la ética y la vocación de servicio son componentes fundamentales. En lo que a Rotary se refiere, cuando pretendemos enseñar a ser, particularmente con relación a la ética, contamos con el valioso recurso de la Prueba Cuádruple de lo que pensamos, decimos y hacemos, que va más allá de la solución de situaciones aisladas para constituirse en un formidable instrumento de formación integral.

Cuando les explicamos a los jóvenes La Prueba Cuádruple, les pedimos que la estudien y que la incorporen a su manera de actuar, les estamos enseñando a SER una persona íntegra.

Pero hay aquí una condición fundamental: nuestro ejemplo. Si a nuestros hijos les hablamos de honestidad, generosidad y solidaridad, pero ellos ven que nosotros no somos ni honestos, ni generosos ni solidarios, lo más probable es que no tengan en cuenta lo que decimos e imiten lo que realmente hacemos.

Por eso Rotary tiene un antiguo lema, que dice: “Cada rotario, un ejemplo para la juventud”.

Coincidiendo con este planteo educativo podríamos ampliarlo más todavía, diciendo: “Cada rotario, un ejemplo para la comunidad”.

El segundo caso, aprender a APRENDER, implica el dominio inteligente de los diversos modos y fuentes de aprendizaje que existen. Un ejemplo sencillo: cuando les mostramos a nuestros hijos un artículo de VIDA ROTARIA (Revista Regional) y les pedimos que nos expliquen qué han entendido y qué conclusiones pueden sacar, les estamos enseñando a APRENDER.

El aprender a HACER consiste en transferir adecuadamente los conocimientos teóricos a la práctica a fin de lograr la mejor solución que indiquen las circunstancias. Cuando acudimos a los jóvenes para que nos ayuden en alguna actividad que estamos haciendo, aunque sólo sea en pequeños detalles, les estamos enseñando a HACER.

Finalmente, el aprender a EMPRENDER se logra mediante el dominio de las técnicas necesarias para que la persona u organizaciones como Rotary encontremos un lugar adecuado, real y concreto en la sociedad.

Siguiendo con los ejemplos sencillos, cuando ponemos a los jóvenes ante la posibilidad de que con cualquier motivo organicen ellos un encuentro con sus pares, les estamos enseñando a tener iniciativas, les estamos enseñando a EMPRENDER.

Podemos estar seguros de que la aplicación de estos aprendizajes ser, aprender, hacer, emprender, les resultará a los jóvenes un instrumento sumamente útil en sus vidas, no sólo si están en Rotary sino para el éxito en sus actividades cotidianas, porque podrán resolver eficazmente situaciones imprevistas e inesperadas. Esto sucede porque el siglo XXI nos ofrece más incertidumbres que certezas, haciendo inoperantes las recetas rígidas. Pero la mayor importancia de este paradigma educativo reside en la posibilidad de formar personas íntegras, bases fundamentales para la evolución positiva de los pueblos.

También los rotarios adultos podemos aplicar estos aprendizajes en nosotros mismos, como un modo de auto-evaluación. Hablando de SER, la calidad de rotarios que somos surgirá de la cantidad y calidad de lo que aprendemos, hacemos y emprendemos en cada período rotario.

Ahora bien, en la familia, ¿quién necesita del máximo apoyo externo? El matrimonio, y los adultos en general, ya tenemos personalidades definidas. Los niños, especialmente los más pequeños, miran el mundo a través de los ojos de sus padres. Son los jóvenes, los que están desarrollando plenamente su personalidad, los que están en la búsqueda de sí mismos y de su identidad, los que tienen tendencias grupales, que mantienen actitudes sociales reivindicatorias, ellos son los que necesitan de un soporte integral para llegar a ser ciudadanos comprometidos y con actitudes positivas.

Al mismo tiempo, es bueno distinguir que trabajamos con tres clases de jóvenes: los que forman parte de nuestras propias familias, los que participan en Interact, Rotaract e Intercambios de Jóvenes y, finalmente, la juventud que no conoce Rotary, o lo conoce pero no participa. En cada caso habrá que educar de modo diferente.

Dice nuestro Presidente que el apoyo a la Familia de Rotary es de vital importancia, entre varias razones, por las amistades y buenas relaciones que se forjan; porque contribuye al aumento del cuadro social; a mejorar la imagen pública de Rotary y por la mayor dedicación al ideal de servicio en los clubes.

¿A través de qué actividades? Reuniones hogareñas, participación de cónyuges e hijos en proyectos y programas del Club, actividades especialmente orientadas a la familia, compañerismo en la aplicación plena de su sentido, salidas campestres y campeonatos diversos, en fin, todo lo que podamos imaginar y crear para lograr ese objetivo.

Una sola palabra resume estas iniciativas: Progreso. El progreso de Rotary, que es nuestra contribución al progreso de la Humanidad.

 

 

 

 

Copyright © 2003 Rotary International Distrito 4890 Buenos Aires, Argentina.

® Derechos reservados. Los símbolos y nombres son propiedad de Rotary International y se utilizan aquí de acuerdo al Manual de Procedimiento. Este sitio es mantenido por: Néstor Carlos Sarandria, socio del Rotary Club de Villa Urquiza. Soporte Técnico: Gerardo Néstor Sarandria (InfoLogic).
Última modificación: Lunes, 30 de Agosto de 2010

Volver