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El miedo


Según un Ser de Luz que luchó por la PAZ con la PAZ

Por Nelson Mandela

 

Colaboración de Heriberto Luis Ortiz elcuartiador@yahoo.com.ar

(Rotary Club de San Cristobal)

 

 

Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos más allá de cualquier medida. Es nuestra luz, no nuestro lado oscuro lo que más nos da miedo. Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿quién soy yo para ser brillante, bello, con talento y fabuloso? En realidad, ¿Quién eres tú para no serlo? Eres un hijo de Dios. El hecho de que juegues a ser insignificante no le sirve de nada al mundo. No hay nada de iluminado en encogerse para que la gente a tu alrededor no se sienta insegura. Se supone que todos tenemos que brillar, tal como lo hacen los niños. Hemos nacido para manifestar la gloria del Dios que tenemos dentro. Y no, esto no está sólo en algunos de nosotros: está en todos. Y así cuando dejamos a nuestra luz brillar, inconscientemente estamos dando permiso a otros para hacer lo mismo. Y así cuando nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.

Our deepest fear is not that we are inadequate. Our deepest fear is that we are powerful beyond measure. It is our light, not our darkness, that most frighten us. We ask ourselves: who am I to be brilliant, gorgeous, talented, and fabulous? Actually who are you not to be? You are a child of God. Your playing small does not serve the world. There is nothing enlightened about shrinking so that people around you won’t feel insecure. We are all meant to shine, as children do. We are born to manifest the glory of God within us. It is not just in some of us: it is in everyone. And as we let our light shine, we unconsciously give other people permission to do the same. As we are liberated from our fear, our presence automatically liberates others.

Nelson Mandela


La Paz no es ausencia de tensiones, es exigencia de JUSTICIA y fruto del SERVICIO.. Todos los días,  haz algo por alguien y en algún lugar...


 

...Lo que hace el miedo

...En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces... "Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa".

..Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo...
- Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?,- y le responde el rey: Dime soldado.
- ¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?
- Ve y mira tú mismo.- respondió el rey.

..El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente... y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad. El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía...
..- Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir puertas por el miedo de arriesgarnos?.
¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente
por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?.

 

 

Colaboración: Carmen Sarandria (socia de la Rueda Femenina del R.C. de Villa Urquiza D.4890- Buenos Aires - Argentina)


 

Alegría

 

El miedo te quita la alegría. En un momento todos tenemos que elegir. Dejamos que nos oriente el miedo o embarcamos en la alegría.

¿De qué alegría les hablo?  De aquella que se tiene más allá de las circunstancias. De un estado que se puede pasear a donde vamos. No genera dependencia porque es una actitud. Una actitud inconsciente, inexplicable. El que está alegre es un poco loco. Loco de la vida. Es la inocencia del niño que juega en medio de las bombas. El miedo nos roba la alegría, nos hace prejuiciosos y desconfiados. Miremos con prevención a quien ríe y canta sin razón. Le preguntamos porque ríe. Porque canta. Tratamos de entender lo que es dado a vivir.

Mientras la alegría fluye, el miedo nos detiene. Quien desee superar un miedo, no necesita ser valiente, debe experimentar la alegría. La alegría es porque sí, el miedo es por algo o por alguien. Nos hace más del otro que de nosotros mismos. El miedo se contagia, la alegría se reparte.

 

La adicción es un compromiso con la desdicha.  Una autoprovocación. Un modo de quedarse con el miedo.

 

El miedo es la cabeza, la alegría  del corazón.

Con el estado de alegría el miedo no asusta, ni paraliza. Esta allí y eso es todo.

 

El niño sigue jugando.

 

Sergio Iribarren – Licenciado en  Psicología.

 


 

 

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Última modificación: Lunes, 30 de Agosto de 2010

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