Nuestro
miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es
que somos poderosos más allá de cualquier medida. Es nuestra luz, no nuestro
lado oscuro lo que más nos da miedo. Nos preguntamos a nosotros mismos: ¿quién
soy yo para ser brillante, bello, con talento y fabuloso? En realidad, ¿Quién
eres tú para no serlo? Eres un hijo de Dios. El hecho de que juegues a ser
insignificante no le sirve de nada al mundo. No hay nada de iluminado en
encogerse para que la gente a tu alrededor no se sienta insegura. Se supone
que todos tenemos que brillar, tal como lo hacen los niños. Hemos nacido para
manifestar la gloria del Dios que tenemos dentro. Y no, esto no está sólo en
algunos de nosotros: está en todos. Y así cuando dejamos a nuestra luz
brillar, inconscientemente estamos dando permiso a otros para hacer lo mismo.
Y así cuando nos liberamos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente
libera a otros.
Our deepest fear is not that we are inadequate. Our deepest
fear is that we are powerful beyond measure. It is our light, not our
darkness, that most frighten us. We ask ourselves: who am I to be brilliant,
gorgeous, talented, and fabulous? Actually who are you not to be? You are a
child of God. Your playing small does not serve the world. There is nothing
enlightened about shrinking so that people around you won’t feel insecure. We
are all meant to shine, as children do. We are born to manifest the glory of
God within us. It is not just in some of us: it is in everyone. And as we let
our light shine, we unconsciously give other people permission to do the same.
As we are liberated from our fear, our presence automatically liberates
others.
Nelson Mandela
La Paz no es ausencia de tensiones, es exigencia de
JUSTICIA y fruto del SERVICIO.. Todos los días, haz algo por alguien y en
algún lugar...
...Lo que hace
el miedo
...En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que
hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo
de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual
se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el
rey les hacía formar un círculo y les decía entonces... "Ustedes pueden elegir
entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta
misteriosa".
..Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un
soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo...
- Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?,- y le responde el rey: Dime soldado.
- ¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?
- Ve y mira tú mismo.- respondió el rey.
..El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía,
rayos de sol entraron y aclararon el ambiente... y, finalmente, descubrió
sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.
El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía...
..- Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir
esta puerta.
¿Cuántas puertas dejamos de abrir puertas por el miedo de arriesgarnos?.
¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente
por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?.
Colaboración: Carmen
Sarandria (socia de la Rueda Femenina del R.C. de Villa Urquiza D.4890- Buenos
Aires - Argentina)
Alegría
El miedo te quita la alegría. En un momento todos tenemos
que elegir. Dejamos que nos oriente el miedo o embarcamos en la alegría.
¿De qué alegría les hablo?
De aquella que se tiene más allá de las circunstancias. De un estado que se
puede pasear a donde vamos. No genera dependencia porque es una actitud.
Una actitud inconsciente, inexplicable. El que está alegre es un poco loco.
Loco de la vida. Es la inocencia del niño que juega en medio de las
bombas. El miedo nos roba la alegría, nos hace prejuiciosos y desconfiados.
Miremos con prevención a quien ríe y canta sin razón. Le preguntamos porque
ríe. Porque canta. Tratamos de entender lo que es dado a vivir.
Mientras la alegría fluye, el miedo nos detiene. Quien
desee superar un miedo, no necesita ser valiente, debe experimentar la
alegría. La alegría es porque sí, el miedo es por algo o por alguien. Nos
hace más del otro que de nosotros mismos. El miedo se contagia, la alegría
se reparte.
La adicción es un compromiso
con la desdicha. Una autoprovocación. Un modo de quedarse con
el miedo.
El miedo es la cabeza, la alegría del corazón.
Con el estado de alegría el miedo no asusta, ni paraliza.
Esta allí y eso es todo.
El niño sigue jugando.
Sergio Iribarren – Licenciado en Psicología.