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¿Dónde fue a parar el Compañerismo?


Autor: Enrique R. Pérez Irueta

 

¿Dónde fue a parar el Compañerismo?

     Los fundadores de nuestra institución, muy sabiamente, la erigieron sobre tres pilares básicos: El Servicio, la Frecuencia, y el Compañerismo.

     El Servicio como Objetivo Máximo; la Frecuencia como la herramienta para que desconocidos se conociesen y, finalmente, el Compañerismo, para que los conocidos se tornasen amigos.

     Ingresé en Rotary en 1961 – allá van 45 años – en una época en que Río de Janeiro todavía era verdaderamente la Ciudad Maravillosa, y recuerdo muy bien haber recibido instrucción rotaria en la residencia del saludable Varoca, que era una verdadera mansión levantada al final de la Rua Marqués de San Vicente, en la Gávea, vecina del Parque de la Ciudad.

     Fuimos hasta allá, mi padrino y yo, después de la cena y retornamos pasada la media noche, parando en todas las luces rojas, con los vidrios del auto abiertos, sin mirar para las sombras o detrás de los árboles, todo eso porque no existían asaltantes en las calles de Río!.

     En la época era muy frecuente que los compañeros organizasen reuniones familiares en sus casas, regadas a “cafecito caliente y gustoso”, según el decir del Gobernador Menezes; reuniones esas que eran bastante concurridas y que juntaban a los más antiguos con los más jóvenes, para hablar… de Rotary.

     Recuerdo haber organizado varias de esas reuniones en mi residencia, donde Regina y yo recibimos, con gran alegría, a muchos rotarios.

     Y era en esas reuniones que se podía practicar el verdadero compañerismo.

     Ustedes sabían que en tiempos remotos, muchos rotarios después de concluir sus quehaceres se reunían en la Secretaría del Club, y donde hoy está el Museo, existía una especie de bar, con mostrador, mesita y sillas y donde se guardaban botellas de “scotch”, debidamente etiquetadas, donde los rotarios charlaban sobre…Rotary?.

     En aquella época nadie vivía en la Barra de Tijuca, ni tampoco en la Isla del Gobernador!

     Y los sábados un grupo de rotarios se reunía en Ipanema para tomar chop y hablar de…Rotary.

     Pero, lamentablemente, los tiempos cambiaron, la ciudad también y las personas, y si hoy  en día algún rotario, bien intencionado, intenta promover una reunión en su casa, después de cenar, va a levantar inmediatamente entre los convidados preguntas como: “La casa de Fulano queda cerca de alguna favela?”, “La calle está bien iluminada?”, “Tienen cuidadores de automóviles?”, “Vamos en taxi o en auto?”, “En nuestro auto o en un remise?”, para finalmente llegar a la conclusión de: “Mi bien, llama por teléfono, da una disculpa cualquiera y olvida el asunto”. Y la reunión no se produce.

     Y esa reacción se debe a dos factores de nuestros tiempos: la violencia en las calles y la televisión dentro de casa.

     “Entonces mi bien, tú quieres ir a una reunión de Rotary justo el día que vamos a saber quién mató a Salomón Ayala?”, “Ni pensar”, “Cancela la invitación”.

     Y dónde fue a parar el compañerismo?

     Según mi modo de ver, está restringido a las reuniones semanales plenarias donde los compañeros se encuentran, lo que tal vez justifique la dificultad que existe en mantener a la audiencia silenciosa, en tanto el orador está en la tribuna hablando, ya que los compañeros sienten la necesidad de conversar con sus vecinos de mesa, y de ahí  el barullo.

     Terminada la reunión, la mayoría se va para seguir su vida y los pocos que permanecen están reunidos en comisiones y hablan del trabajo de cada uno; pero ni de lejos practican compañerismo.

     Felizmente nuestro Club, siempre que el programa lo permite, dedica una de sus reuniones plenarias – generalmente la última del mes – al compañerismo, para que la charla corra suelta; pero siempre hay alguien que se apodera del micrófono y estropea la alegría general.

     Recuerdo que en el tiempo de mi presidencia (1994/1995) intenté aumentar de una a dos las reuniones dedicadas al compañerismo; pero los sabios del club me alertaron que aquello no estaba de acuerdo con los reglamentos de RI y tuve que enfundar la guitarra.

     Las pocas y honrosas excepciones son las reuniones en domicilios, siempre durante el día y los sábados, como tuvimos en la residencia de Juárez y de Klaus y María y tenemos en la casa de Rolf y de Christa, los saraos musicales y su excelente Bazar de Navidad.

     Queda entonces la concurrencia a eventos más amplios como la Conferencia Distrital, una vez por año, en general en el sur de Minas Gerais, o el encuentro Río-San Pablo, en algún lugar pintoresco, eventos esos que exigen más tiempo y que implican gastos.

     Cual es la solución del problema?

     Fuera de acabar con la violencia o con las novelas de la televisión, no veo otra…

     Pero no tengo coraje de proponer a quién quiera que sea, ni una ni la otra.

     Qué nostalgias de nuestra Ciudad Maravillosa….

 

El autor es argentino. Fue presidente del club decano de lengua portuguesa, R. C. de Río de Janeiro, Brasil. Nuestro club tuvo el gusto de recibirlo con motivo del Premio Rotario “Ríos Fraternos” 2005.

 

 

 

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Última modificación: Lunes, 30 de Agosto de 2010

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