¿Dónde fue
a parar el Compañerismo?
Los fundadores de nuestra institución, muy sabiamente,
la erigieron sobre tres pilares básicos: El Servicio, la Frecuencia, y el
Compañerismo.
El Servicio como Objetivo Máximo; la Frecuencia como la
herramienta para que desconocidos se conociesen y, finalmente, el
Compañerismo, para que los conocidos se tornasen amigos.
Ingresé en Rotary en 1961 – allá van 45 años – en una
época en que Río de Janeiro todavía era verdaderamente la Ciudad Maravillosa,
y recuerdo muy bien haber recibido instrucción rotaria en la residencia del
saludable Varoca, que era una verdadera mansión levantada al final de la Rua
Marqués de San Vicente, en la Gávea, vecina del Parque de la Ciudad.
Fuimos hasta allá, mi padrino y yo, después de la cena
y retornamos pasada la media noche, parando en todas las luces rojas, con los
vidrios del auto abiertos, sin mirar para las sombras o detrás de los árboles,
todo eso porque no existían asaltantes en las calles de Río!.
En la época era muy frecuente que los compañeros
organizasen reuniones familiares en sus casas, regadas a “cafecito caliente y
gustoso”, según el decir del Gobernador Menezes; reuniones esas que eran
bastante concurridas y que juntaban a los más antiguos con los más jóvenes,
para hablar… de Rotary.
Recuerdo haber organizado varias de esas reuniones en
mi residencia, donde Regina y yo recibimos, con gran alegría, a muchos
rotarios.
Y era en esas reuniones que se podía practicar el
verdadero compañerismo.
Ustedes sabían que en tiempos remotos, muchos rotarios
después de concluir sus quehaceres se reunían en la Secretaría del Club, y
donde hoy está el Museo, existía una especie de bar, con mostrador, mesita y
sillas y donde se guardaban botellas de “scotch”, debidamente etiquetadas,
donde los rotarios charlaban sobre…Rotary?.
En aquella época nadie vivía en la Barra de Tijuca, ni
tampoco en la Isla del Gobernador!
Y los sábados un grupo de rotarios se reunía en Ipanema
para tomar chop y hablar de…Rotary.
Pero, lamentablemente, los tiempos cambiaron, la ciudad
también y las personas, y si hoy en día algún rotario, bien intencionado,
intenta promover una reunión en su casa, después de cenar, va a levantar
inmediatamente entre los convidados preguntas como: “La casa de Fulano queda
cerca de alguna favela?”, “La calle está bien iluminada?”, “Tienen cuidadores
de automóviles?”, “Vamos en taxi o en auto?”, “En nuestro auto o en un remise?”,
para finalmente llegar a la conclusión de: “Mi bien, llama por teléfono, da
una disculpa cualquiera y olvida el asunto”. Y la reunión no se produce.
Y esa reacción se debe a dos factores de nuestros
tiempos: la violencia en las calles y la televisión dentro de casa.
“Entonces mi bien, tú quieres ir a una reunión de
Rotary justo el día que vamos a saber quién mató a Salomón Ayala?”, “Ni
pensar”, “Cancela la invitación”.
Y dónde fue a parar el compañerismo?
Según mi modo de ver, está restringido a las reuniones
semanales plenarias donde los compañeros se encuentran, lo que tal vez
justifique la dificultad que existe en mantener a la audiencia silenciosa, en
tanto el orador está en la tribuna hablando, ya que los compañeros sienten la
necesidad de conversar con sus vecinos de mesa, y de ahí el barullo.
Terminada la reunión, la mayoría se va para seguir su
vida y los pocos que permanecen están reunidos en comisiones y hablan del
trabajo de cada uno; pero ni de lejos practican compañerismo.
Felizmente nuestro Club, siempre que el programa lo
permite, dedica una de sus reuniones plenarias – generalmente la última del
mes – al compañerismo, para que la charla corra suelta; pero siempre hay
alguien que se apodera del micrófono y estropea la alegría general.
Recuerdo que en el tiempo de mi presidencia (1994/1995)
intenté aumentar de una a dos las reuniones dedicadas al compañerismo; pero
los sabios del club me alertaron que aquello no estaba de acuerdo con los
reglamentos de RI y tuve que enfundar la guitarra.
Las pocas y honrosas excepciones son las reuniones en
domicilios, siempre durante el día y los sábados, como tuvimos en la
residencia de Juárez y de Klaus y María y tenemos en la casa de Rolf y de
Christa, los saraos musicales y su excelente Bazar de Navidad.
Queda entonces la concurrencia a eventos más amplios
como la Conferencia Distrital, una vez por año, en general en el sur de Minas
Gerais, o el encuentro Río-San Pablo, en algún lugar pintoresco, eventos esos
que exigen más tiempo y que implican gastos.
Cual es la solución del problema?
Fuera de acabar con la violencia o con las novelas de
la televisión, no veo otra…
Pero no tengo coraje de proponer a quién quiera que
sea, ni una ni la otra.
Qué nostalgias de nuestra Ciudad Maravillosa….
El autor es argentino. Fue presidente del club decano de
lengua portuguesa, R. C. de Río de Janeiro, Brasil. Nuestro club tuvo el gusto
de recibirlo con motivo del Premio Rotario “Ríos Fraternos” 2005.